ELEMENTOS DE LA
NUTRICIÓN
...
Hay dos factores a considerar con respecto a la asimilación de los
alimentos y que no varían nunca: los procesos del cuerpo y la calidad de
los alimentos. Nos explicamos: detrás de los procesos del cuerpo está
nuestra herencia genética; es decir, las funciones de nuestro cuerpo
están en relación con la información genética programada en cada célula.
La herencia genética, según el antropólogo Richard Leakey, se remonta a
cientos de miles de años. Los procesos metabólicos fundamentales, que
convierten los alimentos en sustancias y energías para todos los seres
vivos, no han variado ni un ápice en todo este tiempo.
El perro ha compartido con el ser humano la misma evolución de las
técnicas de alimentación. Desde que hace 12 ó 14.000 años el hombre
empezó a domesticar y a modificar a las plantas, inventando la
agricultura, y a los animales, domesticándolos y modificándolos también
hasta conseguir con ambos las variedades actuales, el perro, que ya
coexistía con nosotros, fue partícipe de nuestros cambios dietéticos ya
que se alimentaba exclusivamente de nuestros restos de comida. Esto
durante los 12 ó 14.000 años que como mínimo llevamos juntos.
Paralelamente a las mejoras que conseguíamos con plantas y animales
también fue cambiando nuestra manera de cocinar, la higiene alimentaria,
los conocimientos sobre nutrición… y sin embargo nuestros sistemas
digestivos no han sufrido modificaciones importantes: nuestros lejanos
antepasados de hace 150.000 años tendrían exactamente el mismo sistema
digestivo que nosotros, sus civilizados descendientes. Lo mismo podemos
decir de nuestros perros. Su sistema digestivo es exactamente igual que
cuando, con la domesticación, empezaron a sufrir la misma evolución
alimenticia que nosotros. Lo que es indudable es que fue un cambio a
mejor, que supuso un aumento de la longevidad, de la talla... Entonces,
¿qué ha cambiado? Han cambiado en calidad y diversidad las variedades
vegetales y animales que son nuestro soporte alimenticio y también la
manera de manipularlos, tanto mecánica como químicamente. La técnica
moderna nos permite hacer que nuestras mascotas participen en nuestros
adelantos técnicos.
Esto nos conduce al segundo factor de la asimilación alimentaria: la
calidad de la alimentación. En libertad, los cánidos comen, como es
obvio, lo que encuentran o pueden cazar, y más el perro, que es un
carnívoro oportunista; en libertad no comería sólo lo que consideramos
parte noble de la carne: para su adecuada alimentación necesitaría
complementar con las vísceras de sus víctimas, con todo lo que esto
conlleva de problemas de infecciones parasitarias, así como también
determinadas bayas y frutos como complemento o en etapas de carencia de
caza. Es una alimentación de supervivencia… no simplemente de apetencia,
¿han visto ustedes alguna vez a un perro que roa el hueso antes de
comerse la rica carne? Ningún perro en este estúpido mundo come primero
el hueso y después la carne, sobre todo si está hambriento... primero
come la carne... y después se dedica al hueso... y si le pones a elegir
entre carne y el hueso, ¡come la carne y deja el hueso!
En su larga historia compartida con el ser humano, de subordinación,
servicio y compañía, el perro siempre ha sido, nutricionalmente
considerado, no un carroñero, sino un basurero que comía los
desperdicios que encontraba o, si tenía mucha suerte, de lo que le
sobraba a su dueño. Es decir, o desperdicios, o caprichos. Pocos eran
los que tenían la fortuna de recibir una comida específica, quizá por
falta de medios o de conocimientos de sus dueños. Actualmente eso ha
terminado, por suerte. Hoy en día nuestros perros se sustentan de
alimentos comerciales creados especialmente para ellos, y que cubren las
necesidades peculiares de cada edad, tamaño e incluso actividad. Esto
nos lleva a considerar que la alimentación comercial de calidad es
superior a la que el animal tomaría en plena libertad.