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El ejercicio de echado
Enseñar al perro a
permanecer tumbado en cualquier sitio, durante el tiempo que el dueño
necesite y pase lo que pase a su alrededor, es esencial en un buen
adiestramiento.
Puesto que es una de las órdenes que más vamos a utilizar y mejor nos va
a venir en muchos aspectos de la convivencia con nuestro perro, es una
de las que más satisfacciones vamos a obtener en la educación del perro.
Voy a redactar algunas de las situaciones que han vivido y viven muchos
dueños cuando su perro no está educado en el ejercicio de tumbado.
Por ejemplo: llega visita a casa y queremos hacer barbacoa, siempre en
este contexto al perro lo tenemos que atar, encerrar, en fin alejarlo de
nosotros. Pero en realidad lo que nos gustaría es tenerlo tumbado y
quieto cerca de nosotros y no tener que encerrarlo.
Además están los ladridos, porque al separarlo de nosotros o atarlo le
estamos creando ansiedad por separación y es muy probable que ladre. Es
decir que ni atándolo estamos cómodos porque no deja de ladrar y el
dueño no para de acercarse al lugar donde lo tiene atado o encerrado
para intentar que se calle.
Otra situación en la que nos vendría útil la orden de tumbado y quieto,
sería cuando en verano después de un largo y caluroso día de trabajo
llegamos a casa y la familia propone ir a tomar un helado a una terraza
¡y de paso nos llevamos al perro! ignorando lo que va a suceder una vez
en la terraza de la heladería.
La familia llega hasta la heladería, se sientan, tumban al perro, piden
sus helados, y todo bien hasta que en un segundo cambia la situación,
pasa un chiquillo en patines, el perro se levanta y de un golpe tira la
mesa, arrastra la silla y, en fin, un desastre.
A todo esto le podemos unir que el perro puede cruzar la carretera,
provocar un accidente, etc. En una situación de estas cualquier cosa
puede suceder. Y no podremos decir: es que a mi perro se le ha levantado
el instinto de caza al ver pasar al patinador, porque esta excusa a
nadie puede contentar.
La importancia que tiene que el perro se tumbe y se quede quieto es
innegable para una buena convivencia con el perro, es decir, para poder
disfrutar más de nuestro animal. Digo disfrutar más, porque si el perro
ejecuta bien esta orden lo sacaremos más, no ya sólo cuando salgamos a
pasearlo para que defeque, sino también al ir a tomar algo, al ir de
compras, etc. En cualquier momento podremos decidir sacar a nuestro
perro y sin miedo de dejarlo tumbado durante un rato, en la puerta de
una tienda.
También nos vendrá bien la orden de tumbado, antes de meter en el coche
al perro. Supongamos que nos vamos de viaje, bueno pues tumbamos al
perro al lado del coche e introducimos las maletas o bolsas y cuando
está todo listo le damos la orden de "pasa" y entra el perro al coche.
Si no se hace de ésta manera el perro pasa primero, hay que volver a
sacar, porque se hace dueño de todo el espacio del coche y no cabe nada
y esto resulta ser un alboroto, sacar perro, meter perro y maletas.
Cuando volvemos a casa, lo mismo, antes de entrar, tumbaremos al perro,
abriremos la puerta y el perro deberá esperar que el dueño le dé la
orden de pasar.
Situaciones en las que nos va a ser útil esta orden, hay infinidad, por
lo tanto siendo tan útil y necesaria, debemos enseñársela a nuestro
perro.¿Cómo? con un poco de paciencia y constancia.
Las primeras clases no han de ser largas, 10 minutos bastarán, poco a
poco se irán alargando, hasta conseguir tener al perro tumbado y quieto
el tiempo que nos sea necesario.
El primer paso a seguir para un perro que no sabe lo que es tumbarse
puede ser el siguiente: le asiremos por las patas delanteras y tiraremos
suavemente de ellas hacia delante, empujando también sus omoplatos hacia
abajo hasta conseguir que se tumbe. Si persiste en levantarse,
perseveraremos hasta tener éxito. Una vez tumbado se le premiará
adecuadamente mientras le repetimos la palabra elegida para asociar al
ejercicio.
Esto se repetirá en varias clases, lo importante es que asocie la
palabra elegida con esa posición. Una vez que ya le decimos al perro
"tumbado" y se tumba, iremos al siguiente paso que consiste en que el
perro permanezca tumbado y nosotros nos distanciemos unos pasos. Esta
vez mostrándole la palma de la mano le diremos "quieto" y nos
retiraremos unos pasos. Si se levanta hay que ir y tumbarlo otra vez, al
mismo tiempo que diremos en un tono de voz contundente ¡NO!.
Recordar que las primeras clases deben ser breves; avanzaremos más con 5
minutos de trabajo bien hecho que pasándonos de tiempo lo que supondrá
que el perro se cargue de estrés y todo lo que hayamos hecho no sirva
para nada.
Sucesivamente iremos aumentando el tiempo y también nos iremos
distanciando del perro, si se vuelve a levantar, un no contundente y lo
llevamos un poco más atrás de donde lo habíamos tumbado. La finalidad de
esto es que el perro deduzca que por mucho que avance no llegará donde
estamos nosotros, al contrario, cada vez lo situaremos más lejos. Es
decir si se levanta hay que llevarlo al mismo sitio donde lo habíamos
tumbado o incluso más retrasado.
Algo que nos vendrá bien para perros que son hiperactivos y que tienden
a dispersarse aun sabiendo ejecutar ya la orden, será ponerle un collar
de trabajo (pinchos). Este collar nos va a ser útil como refuerzo y
recordatorio del contexto en el que se encuentra.
Hay que tener en cuenta que los perros también rigen su conducta por la
relación costes y beneficios, si al perro le merece la pena levantarse
porque el coste es mínimo (estímulo aversivo mínimo o nulo) se levanta y
obtiene su beneficio, que en este caso sería desobedecer para hacer lo
que él quiera, pero si existe un coste al levantarse, que sería en este
caso el tirón de collar, ya no le merece la pena, se lo piensa y
permanece quieto.
Es importante recordar que el collar lo utilizaremos para este tipo de
perros y las clases se irán intercalando con collar y sin collar, para
no condicionarlo siempre al collar, siendo constantes y con paciencia
lograremos que nuestro perro se tumbe y se quede quieto en unas pocas
clases.
El adiestramiento en obediencia, es decir la educación en los perros es
fundamental y no importa la raza o el tamaño de los perros, todos los
perros se adiestran en obediencia, la edad puede ser a partir de los 6
meses.
Con nuestro perro educado podremos ir a cualquier parte, incluso ir a la
heladería ,eso si, a otra distinta de la que en un principio nos formó
el embrollo.
Eva León -
Adiestramiento
Canino de Granada
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