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Perro ladrador ...
El ladrido es la forma de
vocalización más característica de los perros. Aunque existen muchas
otras (gemidos, aullidos, ronroneos, gruñidos, bufidos…) sabemos que el
ladrido es la principal característica vocal canina. A partir del
momento de su domesticación, se convirtió en el principal modo de
comunicación hacia nosotros; tan es así, que existe un ladrido típico
para una gran variedad de sensaciones y sentimientos. Pero el ladrido,
cuando es excesivo, también puede convertirse en una de las peores
experiencias para el propietario neófito; origen de denuncias, noches de
vigilia y desesperación para toda la familia.
En esta ocasión, analizaremos los distintos tipos de ladrido y los
desarreglos relacionados con ellos, además de la forma de solucionarlos.
Escúchale ladrar y sabrás lo que siente
Resulta apasionante analizar los distintos tipos de ladrido y encontrar
su “traducción”, quizás sea en esas circunstancias cuando el estudioso
se percata de lo elevado de la inteligencia canina. Veamos a “grosso
modo” los significados de cada vocalización.
• Cortos y de media intensidad: El perro está preocupado, quizás por una
invasión de su territorio inminente o porque se acerca algún peligro e
intenta repelerlo. Es común en perros que ladran en la puerta,
mostrándose vigilantes.
• Encadenados, monótonos y durante tiempo prolongado: suele ser
indicativo de aburrimiento. Es habitual de perros que pasan muchas horas
solos, que están encerrados o que tienen poca actividad física. El único
objetivo, es mantenerse ocupado en las largas horas de soledad.
• Agudos, secos y de alta intensidad: Denotan alegría por la llegada del
dueño o el líder canino de la manada. Se acompañan de mucho nerviosismo
y movimientos de la cola bruscos y horizontales. Da la sensación de que
el perro “escupe” los ladridos. En algunos ejemplares, llega a ser una
forma de ladrido extremadamente molesta.
• Un solo ladrido agudo, de alta intensidad y seco: Suele indicar una
petición. Generalmente, va unido a una mirada al dueño seguida de otra
al objeto relacionado con la actividad (comedero si quiere comer, pelota
si quiere jugar…). Al igual que en el anterior caso, el nerviosismo es
evidente y la cola no para de moverse de forma horizontal. Si la
excitación es muy grande, puede provocar varios ladridos, que nos
indican la urgencia.
• Roncos, entrecortados y acompañados de gruñidos: El perro se siente
agredido pero no es capaz de finalizar el ataque. Intenta conseguir que
el atacante desista. Va unido a una posición rígida, cola oscilante,
mira de reojo al agresor y suele mostrar los dientes.
• Profundos y muy alargados: En algunos perros llega a convertirse en un
aullido, mientras que en otros se asemeja más a un lloro. Es típico en
perros que padecen ansiedad por separación. El objetivo es precisamente
atraer la atención de la manada. Se podría definir como “una llamada a
larga distancia”.
• Gemido suave, de baja intensidad: Suele mostrarse como “uuuu-uuuu-uuuu”.
Hemos encomendado una tarea al perro una tarea que no le gusta. Es toda
una manifestación de protesta. También es frecuente en perros muy
mimados a los que se ha castigado.
• Chillidos muy agudos: Manifiestan dolor. Es común verlos al final de
las peleas, cuando el vencido se rinde y se somete.
Calladito estás más guapo
Una vez que sabemos lo que nuestro amigo intenta expresarnos, podremos
conseguir que cese en función del tipo de ladrido. Por ejemplo, en la
mayoría de los casos, será suficiente con un simple “NO” imperativo
aplicado al principio de la vocalización. Llegado este punto, quiero
destacar el hecho de que las vocalizaciones se controlan mucho mejor
antes de que aparezcan, es decir, cuando el perro está apunto de
comenzar a ladrar. La explicación a esto es muy simple, el ladrido es
“autorreforzante” (se premia a sí mismo), lo que significa que para
cortarlo es necesario un estímulo de alta intensidad.
En perros que ladran en la puerta o que se aburren mientras los dueños
duermen, resulta muy práctico enseñarle el ejercicio de tumbado a
distancia. Curiosamente, muy pocos perros ladran cuando están tumbados,
de modo que de esta forma conseguimos que deje de ladrar y además lo
premiamos por un ejercicio bien hecho. En los perros que aún tumbados
son capaces de ladrar, aplicaremos la misma mecánica con el ejercicio de
“muerto”. Ningún perro es capaz de ladrar en esta posición, si el
ejercicio se hace con precisión.
La mejor forma de enseñar a un perro a callarse a la orden, es
instruirle para que ladre bajo un comando. Siempre que adiestramos a un
perro para que haga un ejercicio determinado bajo una orden, también le
enseñamos la orden para dejar de hacer ese ejercicio. De este modo,
enseñándole a ladrar, también podremos usar una orden para que calle.
Nunca debemos olvidar que el ladrido puede ser indicativo de patologías,
como por ejemplo la ansiedad por separación. El perro que aúlla cuando
se queda solo, quizás tenga este problema. En estos casos, la mejor
opción es solucionar la patología raíz. Una vez curado, el perro
abandonará las conductas indeseables.
En casos muy aislados, nada funciona y además los ladridos aparecen en
momentos que no está el dueño para corregir. Tan sólo en estos casos y
siempre bajo la supervisión de un adiestrador cualificado y
experimentado, recomendamos el uso del collar antiladridos. Consiste en
un sistema que se activa al vibrar las cuerdas vocales, provocando una
estimulación eléctrica de baja intensidad, que será suficiente para
cortar el ladrido, siempre que se presente de la forma adecuada. Nos
consta la mala imagen que tienen estos métodos entre el público en
general, pero nosotros siempre defendemos que “más vale un antiladridos
que un perro eutanasiado”. Realmente, cuando la situación supera el
control de los dueños y las denuncias son frecuentes, el final de la
vida de los perros puede andar cerca.
Con este artículo, pretendo corregir uno de los problemas más frecuentes
que, como ya he dicho varias veces, suele concluir con la eutanasia del
autor de los ladridos. No me cansaré de repetir que educando desde el
principio, intentando solucionar de una forma lógica los problemas que
se nos plantean a lo largo de la vida del perro y sobre todo pidiendo
ayuda a profesionales del comportamiento canino, muchos perros que hoy
están muertos, podrían seguir entre nosotros.
Alberto Zafra
- Ischadia
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