En ocasiones uno tiene la suerte de
conocer perros con el corazón que a muchas personas les
falta. Este es el caso que hoy, tristemente me ocupa.
Hace poco tuvimos en mi casa la pérdida
de Maus -pérdida dolorosa, muy dolorosa-. Hoy tuvimos
que despedirnos de Hexe, la mejor perra que
probablemente tendré (mejorando a las presentes) Ha sido
todo un drama tomar la decisión. Hace un par de días le
puse el collar y cogí la correa para bajármela al
veterinario. Estaba decidido:
la perrilla sufría y había llegado el
momento de evitarle más dolor. Cuando me vio aparecer
con el collar y la correa empezó a dar los saltos que no
ha podido dar durante dos meses (ha tenido un
osteosarcoma muy agresivo en el fémur)
Os juro que no pude decidir por ella.
Bajó las escaleras (tampoco antes podía) en un abrir y
cerrar de ojos y cogió una pelota que había en el
jardín. No pude creerlo: estaba allí, tumbada en el
césped, retozando, disfrutando del sol, de mi
compañía... y de su pelota (Maus también había hecho
algo similar, pero no el día que bajé con ella al
veterinario para terminar con aquella tortura de una vez
por todas)
Como os explicaba: no pude hacerlo; era
como si mi perra me estuviera diciendo: "todavía no, hoy
no".
Y así lo hice. Le quité el collar, me
guardé la correa en el bolsillo y me quedé con ella un
buen rato al sol.
Pero hace un par de días empezó a tener
otros problemas añadidos... Sufría fuertes diarreas y
empezó a no querer comer (Hexe, que ha sido una perra
glotona como ninguna y que incluso muy pachucha prestaba
atención a lo que se cocía en la cocina -y nunca mejor
dicho-) Nada le abría el apetito; teníamos de todo
encima de la mesa: potitos, pollo cocido, arroz, pasta,
latas de ID... Pero no quería comer. Una de las veces
vimos sangre en las heces. Llamada inmediata a nuestros
veterinarios, nueva medicación... Después de dos noches
en vela, saliendo con ella al jardín cada hora y media
llegó la mañana de hoy.
Y con ella la decisión: no puede sufrir
más; no es justo.
Hasta su muerte ha sido un calvario (no
le encontraban venas, pinchazos y más pinchazos con el
consiguiente sufrimiento -el suyo, el nuestro y el de
los veterinarios-)
Creo que lloraré la muerte de muy pocas
personas como he llorado hoy la tuya, Hexe. Has sido la
mejor perra que he conocido jamás: tu fidelidad, tu
cariño, tu obediencia, tu equilibrio... Nunca diste un
problema. JAMÁS. Has sido una perra diez, para todo,
para todos, en todo. Hasta poco antes de dormirte para
siempre me has lamido las manos y has disfrutado cada
una de nuestras caricias. Quiero dejar de llorar, porque
tú has sido la alegría, la fuerza, la energía, el amor y
la raza. Pero hay algo que se me ha roto por dentro y no
sé hacia dónde mirar para no verte, para no tener el
tacto de tu manto, de tus orejas de seda entre mis
dedos. Te quiero, Hexe; por siempre y para siempre.